jueves, 3 de septiembre de 2015

Compañero de cama

Hasta hace unos cuantos meses Jacobo se dormía cada noche con un acompañante diferente. Él mismo lo escogía pero a veces después de un rato se salía del cuarto a buscar otra cosa, y otra cosa, y otra cosa. Cuando íbamos a verlo,  nos lo encontrábamos dormido con los juguetes más variopintos: comida de la cocinita o  pelotas o coches o peluches, o todo junto a la vez, como el día que le tomamos esta foto:



Otra temporada su acompañante favorito fue un Supermán de lego y dormía casi toda la noche con la figurita en la mano, hasta que un día se desapareció. Esta foto se la tomamos un día que además se empeñó en dormir con su toalla de dragón:


Pero últimamente se volvió monotemático y sólo quiere coches. Su kit para irse a la cama consiste en dos coches (aunque pueden llegar a ser 3, 4, 5...) y su vaso de agua, que no puede faltar. Aunque a veces acepta un intruso,  como el de esta siesta que se hizo en la cama de los papás:


No sabemos qué seguirá después, pero por lo pronto cada día nos echamos unas risas.

lunes, 17 de agosto de 2015

Piojos, una vez más

Pero las arañas no fueron los únicos bichos que tuvimos en casa estos meses. Desde que Camila tuvo pijos por primera vez, en 2011, la han vuelto a visitar unas cuantas veces. Siempre ha sido muy fácil acabar con ellos, pero este año sí que nos costó.  Le hacíamos el tratamiento, parecía ya limpia del todo y de repente volvía a aparecer un nuevo piojo, con lo cual teníamos que comenzar de nuevo.

Lo cierto es que hemos perdido un poco la paciencia y ya ni Camila se aguanta tanto tiempo de "hacer caminitos" ni la mamá tiene tiempo de dedicarle tanto tiempo. Ya no pasan horas en el balcón contando historias de piojos o viendo pelis mientras la mamá le busca huevitos sino que siempre es a última hora o un ratito de afán.

Pero por fin, cuando ya la mamá había amenazado con cortarle el pelo si volvía a encontrarse otro miserable bicho, volvió la calma, o eso parece.

Aquí Camila en pleno tratamiento para librarse de sus molestos inquilinos. (Camila no quiere poner la foto,  pero la mamá le dice que se ve guapísima y que además en unos años, cuando volvamos a ver la foto,  nos reiremos acordándonos de estos meses de lucha).






sábado, 15 de agosto de 2015

Arañas

En marzo encontramos una araña y decidimos tenerla de "mascota", y pronto tejió su telaraña y comenzamos a darle comida.


Y se comió todo lo que le poníamos: polillas, tijeretas, incluso otras arañas (u otra araña se la comió a ella, pues eran iguales y no supimos cuál sobrevivió), y después de unas semanas puso huevos:


Y semanas después aparecieron montones de arañitas:


"Qué fertilidad", dijo la Iaia al ver la foto, "Más bien qué hambre", dijimos nosotros,  pues dos días después no quedaba ninguna. Se las comió a todas (esperamos que sea eso y no que se hayan escapado), y sólo quedaban un par de cadáveres.   The Darwin way of life.

Cuando juegan solos

Al igual que Camila a su edad,  Jacobo prefiere jugar en el salón o cerca de los papás, pero a veces se va a jugar solito al cuarto y se entretiene un buen rato, sobre todo con las matriuskas o con algún juguete de los cajones (o con alguna cosa con la que no debería jugar,  todo hay que decirlo, como los legos de la hermanita o la caja de kleenex).

Pues bien,  hace poco lo pillamos jugando con la muñeca de peinar de Camila con sus gafas puestas. Para morirse de la risa.




La Sagrada familia

El otro día fuimos a visitar la Sagrada familia con los amigos de Barcelona.  La vimos como siempre, enorme y en construcción:


Pero nos hicieron una visita guiada especial para niños y centrada en la relación del edificio con la naturaleza, así que pudimos ver detalles que hicieron que la visita fuera más especial. Estos fueron unos de los que más le gustaron a Camila:





Los cuatro chiquitos (y sus mamás) se portaron todos muy bien. Aqui están en la escuelita donde estudiaban los hijos de los obreros. Como se ve,  muy concentrados: 


Al terminar la visita fuimos en bus a encontrarnos con hermanos y papás y a celebrar el cumple de Álvaro. Cómo se lo pasan de bien juntos:


Día de Camila 2015

Y por fin llegó el esperado día.  Camila tuvo su desayuno en la cama y sus regalitos, aunque la pobre tuvo que desayunar corriendo, pues en todo caso tenía que ir al cole.


La recogimos a medio día y fuimos a Mataró a comer y luego a saltar y saltar durante más de una hora.



El espacio era todo prácticamente para nosotras solas. Quedamos agotadas,  pero con ganas de volver.

viernes, 14 de agosto de 2015

Desde atrás

El otro día íbamos por la calle y Camila y yo nos quedamos atrás y vimos a nuestros chicos así:



Jacobo ya no va cargadito, pero al papá todavía le toca agacharse un poco para darle la mano. 



Adeu!

Se terminaron las clases de natación. Camila ya sabe nadar muy bien y no quiere seguir.  Nos da penita dejar de ver cada semana a los amiguitos de la piscina, pero lo cierto es que últimamente, con tantos niños en su clase y con tanto jaleo en los cambiadores, no se divertía tanto (lo que más le divertía era quedarse jugando a la salida).

El último día le dieron su título de caballito de mar naranja.  Y ella le dio un dibujo de despedida a Gerard, su simpático profesor.




martes, 11 de agosto de 2015

Nuestros queridos pufs

Y es que no hay día que no disfrutemos de ellos. Ya sea leyendo, recochando, viendo pelis, haciendo "lochita", haciéndonos masajes, escondiéndonos debajo y, cómo no, saltando.







El otro día le hicimos prometer a Camila que cuando tenga hijos les comprará un puf (aunque acaba de decir que cuando se vaya de la casa y se independice  se llevará uno, o los dos...).


Lo que hace un osito de goma

Ya hemos contado varias veces lo difícil que es en esta casa que los chiquitos se tomen los remedios. Pues bien, ahora podemos contar que se terminó la pesadilla (al menos con Jacobo).

Jacobo encadenó la faringitis que le comenzó en Viladrau con una bronquitis acompañada de conjuntivitis, así que entre la cortisona, el antibiótico, el suero y las gotas estábamos todos medio desesperados. El pobre veía la jeringa y comenzaba a llorar y teníamos que forzarlo entre los dos, evitando que cerrara la boca, que escupiera, que cerrara los ojos... En fin, un desastre.

Pero un día se nos ocurrió ofrecerle un osito de goma y, nunca mejor dicho, santo remedio. Muy rápido conseguimos crear la siguiente rutina: cuando llegaba la hora del medicamento le dábamos su osito ("ochito"), él lo tenía en la mano, se recostaba en su sillita favorita, se tomaba el contenido de la jeringa como si nada y al terminar se levantaba aplaudiendo, daba dos giros bailando y se comía su gomita. Absolutamente increíble.


Eso fue en mayo,  y por suerte después de esas dos semanas en las que estuvo tan malito no hemos tenido que volver a darle ningún remedio, pero por si acaso mantenemos una bolsita de ositos en la nevera como si fuera un tesoro.