A lo largo de la última semana la casa ha sufrido una transformación radical.
Entre otras cosas, el salón ha dejado de ser sala-oficina y se ha convertido en salón: una mitad sigue estando dedicada a los juguetes de los papás; la otra mitad, la mitad soleada, es ahora «territorio Camila». (La oficina se ha trasladado al cuarto de huéspedes, pero no hay de qué preocuparse: una de las novedades es un sofá cama con todas las de la ley.)
Entre siesta y siesta de Camila, y entre pañal y pañal y llanto y llanto, fuimos pintando, taladrando y armando muebles de IKEA. Y aunque aún quedan cosas por hacer, el piso ya tiene otra pinta.
Han sido unos días bastante extraños.
Deshacernos de ciertos vestigios de nuestra vida de estudiantes (tres, sí, tres sofá camas heredados; una mesa que habíamos recogido en Gracia por allá en el 2001...) y comprar por primera vez ciertos muebles (un comedor, un zapatero...) han hecho que nos sintamos «adultos» de una manera diferente, más prosaica, de lo que ya nos habían hecho sentir adultos la hipoteca a treinta años y la llegada de Camila.
Tal vez todo esto sea parte del efecto nido, aunque con algo de retraso.
Sin duda se trata de una nueva etapa en nuestras vidas. Ahora bien, lo de adultos es un decir. El cambio más importante de todos es que el trabajo ya no ocupa el espacio principal de esta casa (lo hemos arrinconado, literalmente), espacio que ahora ocupan los juguetes de los tres.
domingo, 17 de febrero de 2008
Cambios
viernes, 1 de febrero de 2008
Testing the bond
1. Hace una semana nuestros períodos de sueño se contaban en segmentos de más o menos tres horas: de 12.30 a 03.30, de 04.30 a 07.30... Y, la verdad sea dicha, no era (o no nos parecía) tan complicado.
Sin embargo, desde hace unos días, tres horas ininterumpidas de sueño han pasado a significar que hemos tenido una noche buenísima.
2. Una jornada típica nos encuentra con las luces prendidas de 03.30 a 5.30. En ese tiempo la chiquita se despierta (y nos despierta: a nosotros y, nos tememos, a los vecinos), llora, come un poco, llora, come otro poco, parece dormirse, vuelve a llorar, exige cambio de pañal, come un poco más, vuelve a llorar, vuelve a parecer dormirse y, al poco de estar en cama, empieza a retorcerse... ¡No cantéis victoria!
3. Es probable que todos los padres tengan historias aterradoras que contar sobre las horas en vela: esas historias son un lugar común (y el "aterradoras" una exageración).
Es probable también que todos pueden contar que en esos períodos de llanto inconsolable en los que nada parece surtir efecto una sonrisa lo cambia todo: eso también es un lugar común.
Y es cierto. Son las 5.30 de la mañana, Camila lleva dos horas inquieta, nuestros recursos se están agotando (empezando por la imaginación y terminando, aún no, pero casi, con la paciencia) y, de repente, la chiquita se calma, nos mira (estamos seguros de que nos mira) y sonríe. 
ps.
1. Como es obvio, esta sonrisa no fue esa sonrisa. No teníamos la cámara a mano, porque de lo contrario habríamos estado tomándole fotos hasta las seis.
2. Sobre lo de probar los vínculos, hay bastante aquí.
Etiquetas: ocurrencias y lugares comunes
domingo, 27 de enero de 2008
Cómo hablar de la m...
1. Este fin de semana pasaron por aquí unos amigos con su bebé. Dos parejas, dos bebés. Perfecto para hablar durante horas y sin inhibiciones de bañeras, leche materna, vacunas, cochecitos, pediatras, termómetros, cremas, pañales... Y también (cómo no) del contenido de los pañales.
2. ¿Caca o popó? Popó (está en el DRAE) es americanismo para excremento humano, una de esas palabras usuales en la lengua infantil que los colombianos seguimos empleando de adultos, para desconcierto y risa de interlocutores de otras tierras, en ocasiones en variantes que resulta difícil escribir sin repelús (popocito, popis).
Aquí en casa, la opinión está dividida. La mamá mantiene el popó. El papá es partidario de adoptar el caca (no el caquita).
3. Ahora bien, lo que merecería otro nombre es esa cosa monstruosa que vence la capacidad de absorción del pañal, sube por la espalda, baja por las piernas, supera dos capas de ropa y envía a la bebé de inmediato a la bañera.
Hasta ahora sólo hemos tenido un episodio de esos, el sábado, en vivo y en directo. Por ahora vamos a llamarlo la GCdS.
domingo, 4 de noviembre de 2007
Cine maternolácteo II
Todos los padres están orgullosos de sus hijos, de acuerdo.
Ahora bien, ¿están orgullosos los hijos de ser el orgullo de sus padres, lo mejor que les ha pasado en la vida?
ps.
Los datos de la película aquí.
Etiquetas: ocurrencias y lugares comunes
martes, 18 de septiembre de 2007
El civismo y los lunes
Lo primero que hizo que la mamá sintiera que había empezado a «parecer» embarazada (y no sólo a estarlo) fue el hecho de que le ofrecieran el asiento en el metro.
De eso hace ya unos meses.
Ayer, sin embargo, descubrió que el civismo tiene horarios. Ahora no hay duda de que está embarazada, pero un lunes a las ocho de la mañana, nadie parecía querer darse cuenta.
Los martes, por suerte, la cosa cambia.
Etiquetas: ocurrencias y lugares comunes
domingo, 9 de septiembre de 2007
miércoles, 27 de junio de 2007
Padres sabiondos
Una tipología (incompleta) que empezamos a hacer después de hablar sobre el tema con unos amigos que han pasado hace poco por todo esto.
1. Los padres a los que su experiencia (cualquiera que sea) los autoriza a pontificar sobre todo: la dieta más sana, la forma adecuada de cargar al bebé, los mejores nombres, el abecé de la «estimulación temprana», etc.
2. Los padres primerizos que no tienen nada que aprender ni ningún consejo que escuchar, bien sea porque ya lo saben todo (o, al menos, lo han leído) o porque quieren aprenderlo por sí mismos y no que les estropees la película.
3. ...
Da miedo encontrárselos. Da más miedo convertirse en uno de ellos.
Etiquetas: ocurrencias y lugares comunes
lunes, 18 de junio de 2007
Incondicionalidad
Uno se pasa buena parte de la vida haciendo cosas para hacerse querer. De la pareja, de los amigos, de la familia política, de los compañeros de trabajo.
No existe el afecto gratuito.
O sí.
Porque de pronto nos descubrimos queriendo, como nunca hemos querido a nadie, a ese bichito de menos de diez centímetros del que apenas tenemos una imagen borrosa, de quien no sabemos prácticamente nada y que lo único que ha hecho para traer la felicidad a esta casa es existir.
Los biólogos tienen buenas explicaciones para eso, pero aquí puede bastar el lugar común: a los hijos se los quiere sean como sean. Altos, bajos, gordos, flacos o, como quiere el padrino, hinchas del Barça.
Etiquetas: ocurrencias y lugares comunes
